UPND SALTA

TERRITORIO DIAGUITAGHASTA

DERECHO A LA COMUNICACIÓN CON IDENTIDAD

26 de septiembre de 2016

Inauguran en Neuquén el primer hospital con médicos y curanderos mapuches

En el departamento de Aluminé comenzará a funcionar el primer hospital intercultural, donde se conjuga la medicina pública tradicional con la medicina mapuche y donde trabajarán juntos médicos científicos y curanderos tradicionales




En el departamento de Aluminé, en Neuquén, comenzará a funcionar el primer

En el departamento de Aluminé, en Neuquén, comenzará a funcionar el primer hospital intercultural mapuche. Este centro de salud, que será el segundo de Latinoamérica y el primero en el país, se construirá en Ruca Choroi y tendrá una superficie de 522 metros cuadrados. Es un trabajo en conjunto entre el equipo técnico del área de salud provincial y el equipo de salud rural del hospital Aluminé junto a las comunidades Mapuche Aigo y Huenguihuel, que se harán cargo de la mano de obra.

En la provincia de Neuquén, el 8% de la población es mapuche, uno de los pueblos originarios que habitan Chile y Argentina desde antes de la llegada de los españoles. Eso quiere decir que 8 de cada 100 personas se reconoce como originario y, con ello, reconoce y practica su cultura.


Es el producto de 15 años de experiencia junto con estas comunidades Mapuches. En ese camino nos acercamos a una relación entre la biomedicina y la medicina mapuche. Cada una con su valor y sus técnicas. La idea es que se aprovechen ambas”, afirma Fabián Gancedo, médico del hospital de Aluminé encargado de la atención rural. 

El primer paso fue el diseño del edificio, que se ubicará en tierras de la comunidad Huenguihuel. “Habrá un lugar para hacer fogones, para los curadores mapuches, los componedores de huesos, para los yerbateros, y un espacio ceremonial para el machi, la máxima figura de la ceremonia curativa mapuche”, comentó Fabian.


Un ejemplo explica el tipo de diferencias entre una y otra cultura. Con respecto a la orientación de las camas del hospital hacia el oeste: “El oeste, detrás de la cordillera, es el lugar al que van las almas en la cultura mapuche luego de su paso por el mundo”, explicó el médico. Y agregó: “era algo que molestaba a los pacientes de las comunidades; era como si se los predispusiera para el final, la muerte”.

La apertura del hospital y la convivencia de las dos medicinas tiene como marco legal el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo: respecto al derecho que establece para los pueblos originarios de ser consultados para ajustar los parámetros de atención médica a sus tradiciones y cultura.

El diseño del hospital tiene una forma de medialuna con una superficie de 522 metros cuadrados y funcionará en el paraje Epu Pehuén (territorio de las Comunidades Mapuches Aigo y Hienguehiual). Como comenta Fabián: “Habrá un lugar para hacer fogones, para los curadores mapuches, los componedores de huesos, para los yerbateros, y un espacio ceremonial para el machi, la máxima figura de la ceremonia curativa mapuche” porque, como también señala: “La biomedicina no alcanza a suplir las necesidades de salud de la comunidad, dejando de lado otros aspectos que sí son considerados por la medicina mapuche como la familia, el pasado y el ambiente”. 


Respecto de la visión mapuche, Lorenzo Loncón, “werken” (mensajero) de la Confederación Mapuche Neuquina y lawentuchefe (especialista en plantas curativas) señala:

La concepción de la medicina occidental es separar todo, al hombre de la naturaleza, a la cultura de la naturaleza. Y para nosotros es una unidad. La medicina milenaria ha demostrado que si es natural es mucho mejor que una combinación química o sintética. Y además, si todas las culturas somos diferentes, también la medicina tiene que ser apropiada a cada cultura yles 21 de Septiembre de 2016

tiene que haber disponibilidad. La naturaleza nos brinda eso: que sea algo que está cerca de la gente y que si vos la cuidás, la naturaleza te cuida a vos.”


El ministro de Salud neuquino en 2015, Rubén Omar Butigué, junto a distintas autoridades mapuches

A fines del año pasado, el ministerio de Salud de Neuquén garantizó la continuidad de este proyecto que nació en 2008 y que pronto abrirá sus puertas a toda la comunidad, para convertirse en un ejemplo de trabajo conjunto entre dos culturas diferentes y en una posibilidad de que los mapuches sean reconocidos y puedan volver a empoderarse en sus conocimientos. 


23 de septiembre de 2016

Tortura y destierro

Noticias de ayer. Los campos de concentración de la “conquista del desierto”

Por Felipe Pigna

Repartija. Tierras, bienes, hombres, mujeres y niños indígenas fueron tratados como mercancía.

La semana pasada el ministro de Educación, Esteban Bullrich, anunció orgulloso el lanzamiento de una “segunda campaña al desierto”. Los sobrevivientes de la llamada “Conquista del Desierto”, la primera, fueron “civilizadamente” trasladados, caminando encadenados 1.400 kilómetros, desde los confines cordilleranos hacia los puertos atlánticos. 

A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta (Río Negro). El colono Galés John Daniel Evans recordaba así aquel siniestro lugar: “En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia. (…) Estaban cercados por alambre tejido de gran altura, en ese patio los indios deambulaban, trataban de reconocernos, ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos aferrados del alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco de castellano y un poco de galés: poco bara chiñor, poco bara chiñor (un poco de pan señor)”.

La historia oral, la que sobrevive a todas las inquisiciones, incluyendo a la autodenominada “historia oficial”, recuerda en su lenguaje: “La forma que lo arriaban…uno si se cansaba por ahí, de a pie todo, se cansaba lo sacaban el sable lo cortaban en lo garrone. La gente que se cansaba y… iba de a pie. Ahí quedaba nomá, vivo, desgarronado, cortado. Y eso claro… muy triste, muy largo tamién… Hay que tener corazón porque… casi prefiero no contarlo porque é muy triste. Muy triste esto dotor. Yo me recuerdo bien por lo que contaba mi pobre viejo paz descanse. Mi papa; en la forma que ellos trataban. Dice que un primo d’él cansó, no pudo caminar más, y entonces agarraron lo estiraron las dos pierna y uno lo capó igual que un animal”.

De allí partían los sobrevivientes en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos, hacia el puerto de Buenos Aires. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.

Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de “dignos”, “los bárbaros son los que les pusieron cadenas”, prorrumpieron en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y “patriótico” que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso “desfile de la victoria”. 
Desde el puerto los vencidos fueron trasladados al campo de concentración montado en la isla Martín García. Desde allí fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso a repartirse el botín, según lo cuenta el diario El Nacional que titulaba “Entrega de indios”: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”.

Se había tornado un paseo “francamente divertido” para las damas de la “alta sociedad”, voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vueltita los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.

En otro articulo, el mismo diario El Nacional describía así la barbarie de las “damas” de “beneficencia”, encargadas de beneficiarse con el reparto de seres humanos como sirvientes, quitándoles sus hijos a las madres y destrozando familias: “La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia”. 

Los promotores de la civilización, la tradición, la familia y la propiedad, habiendo despojado a estas gentes de su tradición y sus propiedades, ahora iban por sus familias. A los hombres se los mandaba al norte como mano de obra esclava para trabajar en los obrajes madereros o azucareros.

Dice el padre Birot, cura de Martín García: “El indio siente muchísimo cuando lo separan de sus hijos, de su mujer; porque en la pampa todos los sentimientos de su corazón están concentrados en la vida de familia”.

Se habían cumplido los objetivos militares, había llegado el momento de la repartija del patrimonio nacional. 
La ley de remate público del 3 de diciembre de 1882 otorgó 5.473.033 hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares”, del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.

Si hacemos números, tendremos este balance: La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.
Desde luego, los que pusieron el cuerpo, los soldados, no obtuvieron nada en el reparto. Como se lamentaba uno de ellos: “¡Pobres y buenos milicos! Habían conquistado veinte mil leguas de territorio, y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo ni trabajo, muchos de ellos no hallaron –siquiera en el estercolero del hospital– rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y de verdadero patriotismo”.

Los verdaderos dueños de aquellas tierras, de las que fueron salvajemente despojados, recibieron a modo de limosna lo siguiente: Namuncurá y su gente, 6 leguas de tierra. Los caciques Pichihuinca y Trapailaf, 6 leguas. Sayhueque, 12 leguas. En total, 24 leguas de tierra en zonas estériles y aisladas.

Ya nada sería como antes en los territorios “conquistados”; no había que dejar rastros de la presencia de los “salvajes”. Como recuerda Osvaldo Bayer, “los nombres poéticos que los habitantes originarios pusieron a montañas, lagos y valles fueron cambiados por nombres de generales y de burócratas del gobierno de Buenos Aires. Uno de los lagos más hermosos de la Patagonia que llevaba el nombre en tehuelche de ‘el ojo de Dios’ fue reemplazado por el Gutiérrez, un burócrata del Ministerio del Interior que pagaba los sueldos a los militares. Y en Tierra del Fuego, el lago llamado ‘Descanso del horizonte’, pasó a llamarse ‘Monseñor Fagnano’, en honor del cura que acompañó a las tropas con la cruz”.

Fuente: veintitres

22 de septiembre de 2016

El origen de Bariloche y sus rastros indígenas

Numerosos relatos desmienten que el gran lago haya sido un territorio vacío. El periodista e investigador Adrián Moyano persigue esas huellas ocultas y asegura que había un gran movimiento económico de los pueblos originarios en la zona.

DANIEL MARZAL
dmarzal@rionegro.com.ar

Punto de encuentro. Adrián Moyano sostiene que el Nahuel Huapi era un lugar de contacto interétnico. (Marcelo martínez)


Los pueblos indígenas que tenían presencia activa en torno al lago Nahuel Huapi cuando llegaron los primeros “wingka” para establecer el poblado hoy conocido como Bariloche fueron ignorados por la historia oficial, pero dejaron una huella inocultable que se empeña en subsistir.

Numerosos relatos de viajeros como George Musters y el perito Francisco Moreno –y aun de los jefes de las avanzadas militares de la llamada Campaña del Desierto– dan cuenta de esa presencia y desmienten que el gran lago haya sido un territorio vacío y disponible para una colonización no traumática.

El periodista e investigador Adrián Moyano trabaja desde hace años en ese rescate y asegura que había en la región una importante actividad económica de los pueblos originarios, aunque hasta hace muy pocos casi no existían registros formales. “La única biblioteca que existía es era la de la justificación del despojo, muy desconocedora de la memoria de los propios mapuches” subrayó, en diálogo con “DeBariloche”.

De Küla Lamgen a Catedral

Ese ocultamiento se impuso también a la hora de nombrar las calles barilochenses.

Sólo el barrio El Frutillar, en el Alto, recuerda a algunos antiguos “longkos” con influencia en la región. Mientras que en el centro las calles homenajean a Moreno, a Mitre, a San Martín y también al general Villegas, el sargento Rolando y al vicealmirante O´Connor; a notorios ex funcionarios como Ángel Gallardo, León Quaglia y Clemente Onelli y a pobladores pioneros como Primo Capraro y Ada Elflein.

La omisión de los pueblos originarios en la toponimia local es más que evidente. Moyano refiere por ejemplo que el cerro Catedral se llamaba originalmente Küla Lamgen (tres hermanas).

La denominación original del cerro Otto era Wenu Lafken, porque había allí una laguna que se secó, el Campanario era Kultrün Maguiza (montaña del kultrün) y el lago Gutiérrez se llamaba Carilafken.

Silenciamiento

El especialista señaló que nada es casual y aquella ofensiva “civilizatoria” que comenzó a fines del siglo XIX estuvo orientada por una “política de desterritorialización de los pueblos originarios” y una definida “táctica de silenciamiento”.

Dijo que “las identidades se construyen política y culturalmente” y hay conceptos actuales que deben ser desechados. “Pensar una historia indígena desde la ciudad es forzoso” señaló, porque su forma de vida no estaba organizada en asentamientos permanentes.

También relativizó el empeño en asociar territorios con etnias puras. Si bien identificó a los pueblos originarios presentes en la zona como mapuches (en la periferia del lago) y gününa kün (tehuelches del norte) que realizaban incursiones comerciales en Ñirihuau y los sectores de estepa destacó que Inacayal era hijo de padre pehuenche y madre gününa küna.

Los datos más antiguos de la presencia indígena en la región corresponden a las incursiones de los curas Nicolás Mascardi y Juan José Guillelmo (a fines del siglo XVII). Más cerca en el tiempo hay otras referencias que desmienten la versión del territorio “desierto”. Moyano destacó por ejemplo que fray Francisco Menéndez documentó en 1794 un encuentro con el lonko Manke Wuenüy en la desembocadura del Ñirihuau, actual límite entre Bariloche y Dina Huapi.

Dijo que de sus observaciones se puede deducir que el Nahuel Huapi “era una zona de contacto interétnico”, dijo Moyano.

Algunas décadas después llegó desde el sur George Musters, acompañado por un grupo de aonikenk (tehuelches del sur), con quienes acampó en la zona de la actual Pilcaniyeu. Musters dejó sentado que desde Tecka (actual Chubut) hacia el norte empezaba “el país de los araucanos”. Y faltaban todavía unos diez años para la Campaña del Desierto.

También en esos años llegó el perito Moreno, autorizado por Sayweke desde Neuquén, y su relato indica que en cercanías del gran lago vio columnas de humo que atribuyó al lonko Inacayal y le pareció ver sembrados en lo costa sur, donde hoy está Bariloche.

Moyano refirió que existen documentos escritos según los cuales tres años antes de la Conquista había cultivos de habas, papa y quinoa en las tierras más aptas del Nahuel Huapi. Y que comunidades con presencia actual, como los Ranquehue, de Virgen de las Nieves, “residen en la zona desde 1875”, luego de ser corridos de otro espacio territorial.

Canoas y caballos

Explicó que originalmente “el pueblo mapuche era fluvial y canoero, “hasta que adoptó el caballo” traído por los europeos en el siglo XIX. Hacia el siglo XIX su economía era básicamente mercantil y ganadera.

Dijo que muchos cronistas contribuyeron a ocultar esos datos con “malabarismos discursivos”, a los que emparentó con lo ocurrido en las escuelas, donde les prohibían a los chicos hablar mapuzungun y se les transmitió la idea de que “los espacios territoriales no albergaron pueblos independientes del Estado argentino”.

“Debieron aprender a sobrevivir en un plano de subordinación y empezaron a emplearse en estancias, proceso de proletarización que llega hasta hoy”.

“El capitalismo llega con la Campaña del Desierto y complejiza todo. El Estado tuvo la urgente necesidad de argentinizar territorio y población”.

Fuente: Río Negro

20 de septiembre de 2016

ENOTPO: ¿QUE HAY DETRÁS DEL DISCURSO ESTIGMATIZANTE CONTRA LOS PUEBLOS ORIGINARIOS? LANATA, BULLRICH Y LA NACION: OPERADORES DE LA OLIGARQUÍA TERRATENIENTE, LOS AGRONEGOCIOS Y LAS MULTINACIONALES EXTRACTIVISTAS.

Desde el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios manifestamos nuestro repudio y nos declaramos en alerta ante la operación discriminatoria y estigmatizante contra los Pueblos Originarios llevada adelante por el Gobierno Nacional y los medios de comunicación de la derecha argentina.


ENOTPO / 16 de septiembre de 2016

En los últimos meses han proliferado en los medios corporativos de comunicación peligrosos discursos estigmatizantes contra los Pueblos Originarios que manifiestan la ideología razista, xenófoba y discriminatoria de los sectores oligárquicos de nuestra sociedad y buscan reciclar el discurso evolucionista pseudocientífico para criminalizar a nuestros Pueblos y, de este modo, deslegitimar las demandas y reclamos por nuestros derechos.

En el corto período que lleva el gobierno de Macri, su política de ajuste ha favorecido ampliamente a los sectores dominantes en desmedro de los derechos sociales, económicos, culturales y políticos de los sectores más vulnerables de la sociedad argentina y lo poco que se había construido en materia de políticas de reparación histórica hacia los Pueblos Originarios fue desguazado en cuestión de meses.

En este escenario cada vez más hostil, una vez más debemos alzar nuestras voces en defensa de nuestras identidades y derechos colectivos, atacados nuevamente por personajes siniestros como Jorge Lanata, monopolios mediáticos como La Nación (familia Mitre) y funcionarios públicos, en este caso, nada menos que el Ministro de Educación de la Nación Esteban Bullrich, cuyos discursos tienen como hilo conductor un argumento falso, profundamente discriminatorio y xenófobo, que plantea que los Pueblos Originarios por nuestra propia naturaleza carecemos de inteligencia, somos incapaces e incivilizados. Este discurso tiene como objetivo negar nuestros derechos como Pueblos preexistentes.

Los Pueblos Originarios no somos pobres por una cuestión cultural ni natural (como se pretende instalar desde este discurso mediático). Nuestra realidad actual sólo puede comprenderse a partir del conocimiento de los procesos coloniales que se dieron a nivel mundial a lo largo de los últimos cinco siglos y las consecuencias nefastas que estos acontecimientos significaron para nuestros Pueblos y Territorios. 

Los Pueblos Originarios fuimos empobrecidos y deshumanizados por un proceso de conquista y colonización que aún sigue vigente y que tiene objetivos claramente económicos y geopolíticos. La usurpación y usufructo de nuestros territorios y bienes naturales inició con la conquista española, continuó con la usurpación de nuestros territorios para la conformación de los Estados Nacionales y continúa en la actualidad con la explotación de los recursos naturales por parte del Estado, de los empresarios agro-ganaderos y forestales nacionales y de empresas extractivistas multinacionales. 

Nuestros Pueblos y Territorios fueron usurpados, conquistados, colonizados, evangelizados, saqueados, asesinados, violados, esclavizados en nombre del “progreso” y la “modernidad”. Un plan sistemático de exterminio y esclavitud bien planificado, un GENOCIDIO, ejecutado por la oligarquía terrateniente nacional (de la cual el Ministro Bullrich es heredero), con el apoyo económico de las potencias extranjeras quienes también se llevaron su buena tajada. 

En la editorial del diario La Nación, del día 21 de agosto de 2016, con el fin de justificar el Genocidio Originario, proponen hacer un análisis contrafáctico de la “Conquista del desierto” y se preguntan (apelando a una fingida retórica nacionalista) “¿a qué nación del mundo pertenecerían hoy nuestros territorios?”. Como Pueblos Originarios no pasa un día de nuestras vidas sin que nos preguntemos: ¿Cómo sería hoy nuestra vida si nuestras Naciones y nuestras identidades no hubieran sido avasalladas y desmembradas? ¡Podríamos hablar nuestros idiomas y trasmitírselos a nuestros hijos! ¡Viviríamos en paz en nuestros territorios, sin contaminación, sin pobreza! ¡Practicando nuestra espiritualidad libremente! ¡Nuestros cuerpos estarían sanos, sin agrotóxicos, ni pestes importadas! ¡Nuestros muertos estarían con nosotros en nuestros territorios y no secuestrados en museos! 

Ensayando una respuesta a la pregunta que acongoja al diario oligarca de los Mitre, quizás, en principio se puede suponer que si la historia de la conquista no hubiera sido tan violenta y sangrienta, hoy seríamos un Estado plurinacional, más justo, equitativo y más democrático. ¿Por qué el destino de la recién inventada “Nación” Argentina, valía el exterminio de cientos de Pueblos-Naciones milenarios preexistentes? Su progreso es nuestra muerte.

El genocidio es un hecho. ¿Qué clase de militar (si no es uno muy estúpido) emprendería una campaña militar a un desierto, es decir a un lugar donde no hay personas con quien luchar? El discurso se cae por su propio peso. 

En términos concretos, las campañas militares a nuestros territorios implicaron la violación de nuestras mujeres por los soldados del “honorable” ejército argentino, el robo y secuestro de nuestros niños que fueron entregados a familias patricias para tareas domésticas (trabajo esclavo, por supuesto), la destrucción de nuestras familias, pueblos y comunidades, la prohibición de nuestros idiomas y creencias, la imposición del catolicismo como única religión, el reparto de nuestros territorios entre pocas familias oligarcas, la Iglesia, el ejército y los financistas extranjeros.

Dicen que a los Pueblos Originarios nos “resucitaron” para utilizarnos políticamente. También están equivocados. Estamos presentes desde siempre, nunca morimos, y hacemos ejercicio de nuestra propia política. Sin embargo aquellos que pretendan igualarnos y vernos desde una óptica occidental, sin siquiera intentar entender o comprender otras formas y sistemas filosóficos de vida, nunca podrán entenderlo. 

Si el término “originarios” les parece inadecuado, está bien, seamos más precisos: somos los Pueblos y Naciones Weenhayek, Pilagá, Mapuche, Qom, Diaguita, Huarpe, Ranquel, Guaraní, Iogys, Tonokote, Selk’nam, Tehuelche, Kolla, Wichi, Gununakuna, Charrua, Lule, Vilela, Atacama, Sanavirón, Comechingon, Chulupí, Chorote, Chicha, Chane, Moqoit, Guaycuru, Ocloya, Omahuaca, Avipon, Yamana, Yaganes, Quechua, Tastil, Querandí, Tapiete, Tilian, Tilcara, Nivacle, y tantos otros pueblos en proceso de restablecimiento de sus identidades, ni mejores ni peores que otras culturas, simplemente Pueblos y Naciones con cultura propia. Si realmente les interesa conocernos, acá estamos y acá estuvimos desde siempre, en el territorio que caminaron nuestros ancestros, y queremos que nos reconozcan como lo que realmente somos, con todas y cada una de nuestras identidades territoriales. 

No buscamos el cuidado de nadie ni deseamos ser integrados a nada. Queremos reconocimiento de nuestras identidades y derechos como Pueblos preexistentes. Queremos la restitución de nuestros territorios y desarrollarnos en libertad desde nuestra propia cosmovisión en interacción recíproca y complementaria con todos los seres y elementos de la naturaleza, con los animales, los ríos, el monte y las montañas. Allí tenemos todo lo que necesitamos para proyectarnos como pueblos libres. Para ello necesitamos que respeten nuestro derecho a practicar nuestros idiomas, a designar a nuestras propias autoridades, y a organizarnos como lo hicimos siempre, en base a nuestras instituciones políticas, culturales y filosóficas, basados en nuestros saberes ancestrales, en el marco de nuestro derecho a la autonomía.

Los Pueblos Originarios no somos utilizados, ni por populistas ni por liberales. Tenemos nuestras propias organizaciones políticas, tomamos definiciones, establecemos acuerdos y desarrollamos estrategias para el futuro de nuestros Pueblos.

Es cierto que el empobrecimiento al que fuimos sometidos muchas veces ha condicionado nuestras acciones y eso es lo que este Gobierno pretende replicar. Sin embargo, desde el retorno a la vida democrática los Pueblos Originarios nos hemos fortalecido en nuestros procesos colectivos y orgánicos. Muchos todavía vivimos situaciones de extrema vulnerabilidad, pero tenemos memoria y tenemos bien claro a qué sectores representa el gobierno de Macri.

Ellos lo saben. Por eso buscan denigrarnos de cualquier forma, algunos nos tratan como terroristas, otros como incapaces. Nos quieren presos o “educados” (despojados de nuestra cultura), nunca libres. Su objetivo es económico, la explotación y saqueo de nuestros Territorios.

Sin embargo, el camino iniciado es irreversible y nuestros Territorios no se negocian. Nuestras identidades no van a morir, sino por el contrario siguen floreciendo, la memoria de nuestros ancestros Kajfvkvra, Chelemin, Viltipoco, Kallchaki, Guacurarí, Lefxarv, Meguesoxochi, Bartolina Sisa, Tomás Paniri, Tupac Amaru, sigue viva en cada lucha y el legado renace cada día en nuestros territorios, fortaleciendo nuestro espíritu como Pueblos Originarios.

Por todo ello:

- Denunciamos al Ministro de Educación de la Nación Esteban Bullrich por la gravedad de sus expresiones en calidad de funcionario público en las cuales se enorgullece de iniciar una “nueva campaña del desierto, pero no con la espada y la violencia sino con la educación”, reivindicando el Genocidio cometido contra los Pueblos Originarios.

- Repudiamos los dichos del pseudoperiodista Jorge Lanataquien en reiteradas ocasiones se ha expresado de forma discriminatoria y violenta contra los Pueblos Originarios, llamándonos “indios” y calificándonos como “incapaces”, demostrando una completa ignorancia y un desprecio profundo sobre nuestras realidades y derechos. 

- Exigimos al diario La Nación el derecho a réplica (aunque sabemos cuál será la respuesta) por los agravios cometidos contra los Pueblos Originarios en su editorial denominado “La utilización populista de los pueblos originarios”.

- Exigimos al Gobierno Nacional, al INAI y a los organismos de todos los niveles abocados a la política pública para los Pueblos Originarios que respeten y hagan cumplir los derechos de nuestros Pueblos con la debida Participación, Consulta y Consentimiento Libre Previo e Informado a través de nuestras instituciones representativas legítimas, tal como lo manda la normativa nacional e internacional, lo cual no se está cumpliendo. 

Desde el ENOTPO nos declaramos en estado de ALERTA Y MOVILIZACIÓN ante la escalada de expresiones discriminatorias y criminalizantes contra nuestros Pueblos. No obstante, seguimos eligiendo construir y proponemos el Buen Vivir como una alternativa de vida para toda la humanidad, espacio en donde cabemos todos, respetándonos en nuestras diversidades culturales y ejerciendo la reciprocidad y la complementariedad. Convocamos a las organizaciones sociales, a los movimientos populares y a la sociedad en general a hacerse parte de esta lucha por la construcción de una sociedad para todos y todas, con igualdad en la diversidad, por un Estado Plurinacional. 


¡POR MEMORIA, IDENTIDAD, JUSTICIA Y TERRITORIO!

ENOTPO

17 de septiembre de 2016

Roca y Bullrich: el general ya tiene quien le escriba

Marcelo Musante
El ministro de Educación y Deporte de la Nación habló de la educación como la nueva Campaña del Desierto. La reflexión de un especialista en el genocidio indígena. 

El ministro de Educación y Deportes de la Nación, Esteban Bullrich, afirmó que “la educación será la nueva campaña del desierto”. Fue en un acto realizado en Choele Choel, en el mismo lugar que Julio Argentino Roca un 25 de mayo de 1879 dio inicio simbólico (que por supuesto ya venía ocurriendo en la práctica y violentamente desde mucho antes) al avance militar sobre las comunidades indígenas de Patagonia.

El ministro de Educación y Deportes de la Nación habló sin ponerse colorado de una nueva conquista del desierto. En su discurso no estuvieron ni los asesinatos masivos de personas ocurridos durante las campañas militares, ni los campos de concentración que funcionaron para los prisioneros indígenas, ni los traslados forzados de miles de familias cuyas mujeres y niños fueron repartidas entre las familias aristocráticas (que a la vez financiaron las campañas a través de bonos de la Sociedad Rural). Todos hechos ya comprobados a través de decenas de investigaciones fundadas en archivos, en denuncias de diarios de época, en los propios partes militares y en la historia oral de las comunidades, entre muchas otras fuentes. Sería imposible creer que el ministro no conoce el alcance atroz y el genocidio realizado a través de un proceso sistemático y planificado por parte del Estado argentino sobre los pueblos indígenas.

Y resulta difícil no asociar la afirmación de Bullrich con la que hace unos poco meses hizo el ministro del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, cuando desde su cargo en el ministerio de Cultura sostuvo que los desaparecidos durante la última dictadura cívico militar no fueron 30.000.

La indignación pública y las denuncias sobre Lopérfido llovieron hasta que tuvo que renunciar. Por suerte, hoy en nuestro país, es insostenible enunciar públicamente una apología sobre la última dictadura cívico militar sin ser sometido al juicio social de las calles.

¿Pasará ahora lo mismo cuando lo que se pondera es el otro genocidio, el que se implementó sobre los pueblos originarios? Igualmente cruel, igualmente criminal.

Sería imposible creer que el ministro no conoce el alcance atroz y el genocidio realizado. 

Esa afirmación de Bullrich no se da en soledad, es continuación de una editorial del diario La Nación de hace pocas semanas en las que se dice que las campañas al desierto fueron un enfrentamiento de culturas. “Enfrentamiento de culturas” ya ni siquiera es la “gesta militar” ponderada como fundamental para el progreso de la nación. Esa avanzada militar festejada con honores en la última dictadura cívico militar al festejarse los cien años. Otra coincidencia de genocidios.

Las palabras del ministro de Educación y Deportes se dan cuando ya muchos creíamos que eso de que no hay una sola historia, sino que hay muchas, quizás tantas como grupos sociales las cuenten, era algo indiscutible. Sin embargo esa frase, la ponderación de la conquista militar, vuelve a la escena una y otra vez. Incansable e implacablemente. Con la tosquedad de los ejércitos.

La discusión, en los espacios públicos, en las escuelas, en las universidades, parecía haber tomado un camino: el de poner en cuestión que no todas las historias valen los mismo. Que no tienen la misma legitimidad. Que en el libre mercado de las historias hay precios distintos.

Están las que nacieron en libros incunables, las que surgieron por las plumas de los grandes próceres de nuestra historia escrita (un Mitre, un Sarmiento, para algún desprevenido) y que son las que cotizan caro. Son las historias fundantes. Pero que no quedaron en el inicio del estado moderno, sino que como un mito se reactualizan en nuevos relatos, apenas modificados, no tan distintos, pero con la fuerza del “pasado verdadero”. Son las historias legales que aparentan legítimas.

Hay otras historias, nacidas de los lugares arrasados por los que pasaron las campañas militares. 

Mientras tanto, hay otras historias, nacidas de los lugares arrasados por los que pasaron las campañas militares de las que habla Bullrich y que parecen valer bastante menos. Que son discutidas porque nacen de la palabra. De la palabra hablada y no de la escrita. Son las que no nacieron en escritorios aristocráticos y son las no llegan a los libros escolares. Son historias más difíciles de ver para los que solo quieren leer lo que les cae enfrente. Son las historias legítimas a las que no las dejan ser legales.

Pero hay algo más que puede discutirse en esto de los relatos históricos, los sentidos y finalmente la memoria, que tiene que ver con el enunciador.

Porque cuando parecía que el enunciador había sido desenmascarado y ya nos íbamos poniendo de acuerdo, o al menos creyéndolo, en que esa historia liberal escrita a fines del siglo XIX fue para justificar y sostener el asesinato de miles de indígenas, para ocupar sus territorios y ponerlos al servicio de las clases dominantes, ahora esos discursos fundantes vuelven acá y ahora. El presente vuelve a refrendar ese pasado.

Cuando creíamos que sólo íbamos a verlos repetidos en editoriales del diario La Nación o de medios de comunicación conservadores, en los que su anillos de clase son tan evidentes que casi hacen innecesaria la discusión, ahora esos discursos vuelven.

Cuando las frases como que “los mapuches son chilenos” se caían de tan absurdas, lo mismo que decir que las campañas al desierto fueron una “gesta patriótica” que permitió el progreso y no un cruel genocidio, ahora esos discursos retornan.

Y esto es peligroso, es como si volviera el “por algo será” en relación a los desaparecidos. Y son peligrosos esos discursos porque la historia está íntimamente asociada a la memoria. Porque cuando la historia se arropa de verdad objetiva actúa y disputa sentidos en las memorias sociales. Y otra vez una (la historia oficial) asume más valor que otras (las subalternas). Y la memoria, los recuerdos compartidos, las maneras de pensarse como colectivo, la memoria que se hace carne en los sujetos y los sujetos que avivan la memoria vuelven al arcón de los recuerdos rotos y sin valor.

Bullrich hizo sus afirmaciones en una localidad que Roca también eligió para declarar formalmente el inicio de la campaña militar a la Patagonia. 

Entonces digamos. Afirmemos que las campañas militares de fines del siglo XIX en Pampa y Patagonia tuvieron como objetivos convertir en propiedad privada a las tierras y cuerpos indígenas.

Y digamos también que hasta mediados del siglo XX, esto continuó en la región chaqueña donde obrajes, ingenios (Ledesma, San Martín del Tabacal, Las Palmas, La Esperanza, La Forestal, entre otros), misiones católicas franciscanas y reducciones estatales para indígenas como Napalpí y Bartolomé de las Casas se hicieron cargo del trabajo sucio de sacar a las comunidades de sus territorios para ponerlas, forzadas, al servicio del aparato productivo del Estado. Como en el 76’, otra vez, las grandes empresas, la iglesia y el Estado acordando un plan estratégico de refundación de la nación argentina.

Para completar el proceso y tratar de comprender un poco más cómo llega el ministro a decir esas palabras hay que tener en cuenta que: lo dice en lugar simbólico como Choele Choel, con el rector de la Universidad de Río Negro, Juan Carlos Del Bello, y con el gobernador provincial, Alberto Weretilneck, al lado; y lo hace en el marco de la inauguración de un hospital escuela de veterinaria perteneciente a esa casa de estudio. Allí, las muertes indígenas siguieron ocurriendo a lo largo de todos estos años sin poder saltar la pared del anonimato.

La frase se entiende en la suma de muertes silenciadas sin justicia. Se entiende con la masacre Napalpí en 1924, se entiende con la masacre de La Bomba en 1947. Ambas con centenares de muertos, ambas con juicios iniciados, ambas con juicios ninguneados y cajoneados.

Se entiende con las represiones y desalojos de la última década, se entiende con la muerte de Roberto López en La Primavera, de Javier Chocobar en Tucumán, con la de Cristian Ferreyra en Santiago del Estero, entre muchas otras. Éstas y aquellas en gobiernos democráticos.

Las muertes indígenas siguieron ocurriendo a lo largo de todos estos años sin poder saltar la pared del anonimato.

¿Qué habrá querido decir el ministro Bullrich al afirmar que la educación será una nueva campaña del desierto?

Querrá significar que ahora la educación también será para unos y no para otros.Usando sus palabras, que lo que antes hizo la espada ahora lo hará la escuela. Será también una manera de volver al pasado porque la “campaña del desierto”, ministro Bullrich, ya estuvo asociada a la Educación, sin ella no hubiera sido posible sostenerla en el imaginario social durante ciento cincuenta años.

Terminando. No es menor quién enuncia y dónde. Ayer fue el ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich en Choele Choel. Una localidad que Roca también eligió para declarar formalmente el inicio de la campaña militar a la Patagonia. Sucedió ayer, nadie lo esperaba, y el general está de vuelta. Y ya tiene quien le escriba.


(*) Sociólogo, Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena en Argentina


Publicado en: Infonews